Los 10 Castillos más impresionantes de República Checa

La República Checa cuenta con una exquisita arquitectura que no solo se limita al Casco Histórico de Praga. Además del Castillo de Praga, Chequia tiene algunos castillos medievales impresionantes que bien merecen una visita.

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Los 10 Castillos más impresionantes de República Checa

La República Checa es de los países con más castillos por kilómetro cuadrado del mundo: se cuentan más de 2.000 entre castillos, fortalezas y palacios. Detrás de cada uno hay siglos de nobleza, guerras y leyendas, así que elegir cuesta.

Hemos dividido la selección en dos: los castillos que se ven en una excursión de un día desde Praga y los que quedan más lejos, pero merecen el viaje. Vamos con ellos.

Castillos cerca de Praga para una excursión de un día

Estos cuatro se hacen en el día. Están a una hora larga de Praga como mucho, así que puedes salir por la mañana, verlos con calma y volver a cenar a la ciudad. Si quieres más ideas, las tienes en nuestra guía de excursiones desde Praga.

Castillo de Karlstejn

Castillo de Karlštejn entre bosques

Karlštejn es el castillo de Carlos IV, y el más fácil de ver en un día desde Praga: está a unos 30 km al suroeste. El emperador no lo levantó para vivir, sino como una caja fuerte: lo mandó construir en 1348 para guardar las joyas de la corona de Bohemia y del Sacro Imperio, además de su colección de reliquias. Lo terminaron en 1365.

La joya está arriba, en la Gran Torre: la Capilla de la Santa Cruz, decorada con más de 2.000 piedras semipreciosas y los paneles del Maestro Theodorik. Ahí se custodiaban las joyas reales, tras varias puertas y cerraduras. Como detalle curioso, solo se entra en ella con la visita guiada larga (la «exclusive»), y en su día las mujeres tenían prohibido el paso. Por el camino verás el salón de audiencias, la habitación de Carlos IV y un pozo de unos 80 metros que dio agua al castillo hasta el siglo XX.

Una cosa importante: Karlštejn solo se visita por dentro con guía, así que reserva con antelación, sobre todo en temporada.

Cómo llegar: coge un tren desde la estación central (Praha hl. n.) hasta Karlštejn, unos 40 minutos. Desde la estación hay un paseo cuesta arriba de 20-25 minutos hasta la entrada (parte del encanto). Te recomendamos combinarlo con Křivoklát, que está al lado.

Castillo de Konopiště

A Konopiště se viene por un muerto muy famoso. Aquí pasó sus últimos años el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero al trono austrohúngaro, el mismo cuyo asesinato en Sarajevo en 1914 encendió la Primera Guerra Mundial. El castillo está prácticamente igual que el día que se marchó a aquel viaje del que no volvió: lo dejaron congelado en 1914 a partir de las fotos de la época. Hasta la bala que lo mató, disparada por Gavrilo Princip, se expone aquí.

Francisco Fernando tenía dos obsesiones, y las dos están a la vista. La primera, la caza: se calcula que abatió unos 300.000 animales en su vida, y los pasillos del castillo están forrados de trofeos, miles de cornamentas en fila hasta el techo. La segunda es más rara: coleccionaba imágenes de San Jorge matando al dragón. Llegó a juntar más de mil piezas en una sala entera, dicen que para superar la colección del rey de Inglaterra, al que soñaba con invitar. Nunca vino.

Como detalle curioso, el castillo era de lo más moderno de su tiempo: tenía de los primeros ascensores eléctricos, calefacción central, agua corriente y hasta duchas, cuando casi nadie las tenía. También guarda una de las mayores armerías de Europa, la de los Este. Y sí, en el foso vive un oso; los hay aquí desde hace generaciones.

Nuestra recomendación es reservar el circuito de los aposentos privados (el Tour III), que es el que de verdad te mete en su vida diaria, y dejar tiempo para el parque y el jardín de rosas. Como guías, te decimos que es de los castillos que mejor funcionan en una excursión de un día: en un rato estás de vuelta en Praga.

Cómo llegar: Konopiště está a unos 50 km al sureste de Praga, a 2 km del pueblo de Benešov. Coge un tren desde la estación central (Praha hl. n.) hasta Benešov u Prahy, alrededor de una hora; desde allí son unos 30 minutos andando hasta el castillo, o un taxi corto. En temporada suele haber un bus local.

Castillo de Křivoklát

Křivoklát es de los castillos más antiguos y más checos que vas a ver: una fortaleza gótica del siglo XII metida en mitad de un bosque que hoy es reserva de la biosfera. Los reyes Přemyslidas lo levantaron para cazar, y Wenceslao IV lo prefería al Karlštejn de su padre para escaparse aquí. Podemos decir que era la casa del bosque de la realeza.

Pero Křivoklát tiene un lado oscuro que es justo lo que lo hace interesante. Durante siglos fue una de las cárceles más temidas de Bohemia: el sitio donde encerrabas a quien era demasiado peligroso para soltarlo y demasiado importante para matarlo. Aquí estuvo preso de niño el propio Carlos IV. Y aquí acabó Edward Kelley, el alquimista inglés de la corte de Rodolfo II, encerrado en 1591 tras matar a un hombre en un duelo: el emperador, obsesionado con la alquimia, esperaba que el encierro le sacara el secreto de convertir el plomo en oro. Se rompió una pierna intentando fugarse. Hoy se ven las mazmorras con réplicas de los instrumentos de tortura.

No todo es tétrico. La Sala Real es de las salas góticas más grandes del país, solo por detrás de la del Castillo de Praga; la capilla es de las góticas mejor conservadas de Europa, y la biblioteca de los Fürstenberg guarda 52.000 volúmenes. Como detalle curioso, durante las guerras husitas se escondieron aquí las joyas de la corona.

Nuestra recomendación es combinarlo con Karlštejn el mismo día, que está al lado. Y prepárate para disfrutar del trayecto: el tren bordea el valle del río Berounka entre acantilados y bosque, una de las líneas más bonitas del país.

Cómo llegar: Křivoklát está a unos 40 km al oeste de Praga. En tren se tarda una hora y cuarto larga, con cambio en Beroun, y la estación queda justo a los pies del castillo. Un aviso de guía: a veces ese tramo lo cubren con autobús por obras, así que deja margen en el transbordo.

Castillo de Český Šternberk

Český Šternberk es mi favorito de los cuatro, y no por el edificio, que también, sino por la historia de su familia. Lo fundó en 1241 un noble, Zdeslav de Divišov, que se rebautizó con el nombre alemán del lugar: Stern (estrella) y Berg (monte). De ahí la estrella de ocho puntas que lleva la familia desde entonces, con un lema que lo dice todo: «nunca se pone». Son una de las familias más antiguas de Chequia, más de veinte generaciones.

Y aquí está lo que no vas a leer en otros sitios. Cuando los comunistas les confiscaron el castillo en 1949, Jiří Šternberk no se marchó: se quedó trabajando como conserje y guía de su propio castillo, enseñándoselo a los turistas mientras vivía con los suyos en un par de habitaciones. De paso, inventarió cada objeto, para que el día que la familia recuperase la casa supieran qué faltaba. Ese día llegó en 1992: se lo devolvieron a su hijo, Zdeněk, que vivió aquí hasta su muerte en 2021. La familia sigue siendo la dueña.

El castillo se agarra a un espolón de roca sobre el río Sázava, con un exterior medieval que esconde dentro unos salones barrocos y rococó muy trabajados. Como detalle curioso, en el patio suele haber aves rapaces de un centro de recuperación cercano (Zdeněk era aficionado a la cetrería), y se puede subir a la antigua hladomorna, la torre del hambre. Al estar menos en el circuito turístico, se visita con mucha más calma que Karlštejn.

Cómo llegar: está a unos 55 km al sureste de Praga. En coche es lo más fácil, unos 45 minutos. En transporte público se complica: lo más fiable es tren desde Praha hl. n. hasta Čerčany (unos 50 min) y cambiar al tren regional del valle del Sázava hasta la parada «Český Šternberk zastávka», a un paseo del castillo; cuenta unas 2 horas en total. Es de los que premia ir con coche.

Castillos por el resto de la República Checa

Estos quedan más lejos y piden, como mínimo, un día entero o una noche fuera. Pero son de los que justifican el viaje: castillos de cuento, ruinas enormes y palacios Patrimonio de la Humanidad repartidos por Bohemia y Moravia.

Castillo de Český Krumlov

Český Krumlov no es un castillo, es una ciudad entera doblada sobre un meandro del Moldava, con el segundo conjunto de castillo más grande del país después del de Praga. Cinco patios, once hectáreas de jardines y una torre pintada que se ve desde cualquier esquina.

Lo que no te cuentan las guías está en el foso. Sí, hay osos de verdad viviendo ahí abajo, y no es un capricho para turistas: los Rožmberk, la familia que mandó aquí 300 años, se inventaron que descendían de los Orsini de Roma («orsa» es «osa» en italiano) para fingir un linaje romano y mirar por encima del hombro al resto de la nobleza checa. Metieron dos osos en su escudo y, desde el siglo XVI, osos de carne y hueso en el castillo. Hay registro de osos en el foso desde 1707. Como detalle curioso, hoy les ponen el nombre por votación popular.

Dentro hay dos joyas que casi todo el mundo se salta. Una es el teatro barroco de 1682: con su maquinaria, sus decorados y su vestuario originales, es de los dos únicos del mundo que se conservan completos (el otro está en Drottningholm, Suecia). Solo funciona un puñado de veces al año para no estropearlo, y se ve con reserva. La otra está en el jardín: un anfiteatro al aire libre cuyo graderío gira para seguir la escena. Suena extraño, y lo es, pero en verano se llena.

Una cosa por delante: Krumlov se masifica. Nuestra recomendación es ir a primera hora o fuera de temporada (finales de septiembre va de lujo) y, si puedes, dormir una noche; verlo entre el autobús de ida y el de vuelta es quedarse a medias. Por cierto, aquí vivió el pintor Egon Schiele en 1911, hasta que el pueblo lo echó por su vida poco convencional.

Cómo llegar: Český Krumlov está a unos 170 km al sur de Praga. Lo más cómodo es el autobús directo (RegioJet sale de Na Knížecí; también hay FlixBus desde Florenc): unas 3 horas y entre 8 y 10€. Te deja en la estación de Špičák, a 10-15 minutos a pie del centro. El tren tarda más y obliga a cambiar en České Budějovice, así que el bus gana de calle.

Castillo de Hluboka

Castillo de Hluboká nad Vltavou

Hluboká es el castillo más «de cuento» de Chequia, y tiene truco: su silueta blanca de torres y almenas no es medieval, es del siglo XIX. Nació gótico a finales del siglo XIII y pasó por una etapa renacentista, pero fue la familia Schwarzenberg la que, entre 1841 y 1871, lo reformó al estilo neogótico inglés inspirándose en el castillo de Windsor. De ahí el parecido.

Los Schwarzenberg vivían aquí desde 1661, y se nota: las 140 estancias están talladas a mano, con artesonados de madera, salones de caza y colecciones de pintura. Es uno de los castillos más visitados del país, y está en Bohemia del Sur, a un paso de České Budějovice, la patria de la cerveza Budweiser original.

Cómo llegar: Hluboká nad Vltavou está a unos 150 km al sur de Praga (1h45 en coche). En transporte público lo más práctico es ir en tren o autobús hasta České Budějovice, unas 2 horas y media, y de ahí coger el autobús local 4 o un tren de cercanías hasta Hluboká, a 15 minutos. El aparcamiento del pueblo cuesta unos 50 CZK (2€) al día.

Castillo de Lednice

Castillo de Lednice en Moravia del Sur

Lednice parece sacado de otro país, y casi lo está: queda en Moravia del Sur, a 250 km de Praga, pegado a la frontera con Austria. Fue la residencia de verano de los Liechtenstein, la familia que moldeó toda esta comarca a su gusto durante siglos. En 1996 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el paisaje cultural de Lednice-Valtice entero.

El palacio es neogótico inglés, del siglo XIX, con salones muy trabajados, pero lo que de verdad engancha es el parque. Hay un invernadero de palmeras de hierro y cristal con cientos de especies tropicales y, sobre todo, un minarete de 60 metros: subes sus 302 escalones y te plantas con las mejores vistas de los viñedos moravos. Como detalle curioso, lo construyeron a finales del siglo XVIII y escandalizó a medio mundo, un alminar musulmán en plena Europa cristiana.

Cómo llegar: Lednice está lejos para una excursión de un día desde Praga. Lo razonable es ir en tren o autobús hasta Brno (unas 2h30) y, desde allí, enlazar vía Břeclav con el tren o autobús local hasta Lednice. Nuestra recomendación es montarlo como una escapada de un par de días por Moravia del Sur, que es además tierra de vino.

Castillo de Kost

Castillo de Kost en el Paraíso Bohemio

Kost rompe la regla de los castillos: no está en lo alto de una colina, sino escondido en el fondo de un valle, en pleno Paraíso Bohemio (Český ráj), entre tres barrancos y rodeado de estanques. Esa rareza era su mejor defensa: el enemigo lo veía cuando ya lo tenía encima. Lo levantó Beneš de Vartemberk en 1349, que firmaba en latín como «de Costa»; de ahí, deformado, salió «Kost», que en checo significa «hueso».

Y el nombre le viene al pelo, porque Kost nunca fue conquistado. Cuenta la leyenda que ni el mismísimo Jan Žižka, el general husita, pudo con él, y que por eso dijo que era «duro como un hueso». Como detalle curioso, fíjate en la Torre Blanca: es trapezoidal a propósito, con las esquinas orientadas hacia donde caían las catapultas, para que los proyectiles resbalaran en lugar de dar de lleno. Desde el valle, además, solo se ven dos de sus lados, así que era imposible calcular su tamaño.

Dentro se conserva uno de los conjuntos góticos mejor cuidados del país, con su cámara de tortura medieval y la cocina negra. Hoy es de la familia Kinský.

Cómo llegar: Kost está a unos 90 km al noreste de Praga, en el Paraíso Bohemio, cerca de Sobotka. Lo más cómodo es ir en coche; en transporte público se complica (la estación más cercana, Libošovice, queda a 2 km a pie por sendero). Nuestra recomendación es combinarlo con una caminata por las «ciudades de roca» de arenisca de la zona.

Castillo de Rabi

Ruinas del castillo de Rabí

Rabí es la ruina de castillo más grande de Chequia, plantada sobre una colina en las estribaciones de la Šumava, al suroeste del país. No esperes salones amueblados: aquí lo que impresiona son los muros, las murallas y la torre, lo que queda de una de las fortalezas más poderosas de Bohemia. Es Monumento Cultural Nacional desde 1978.

Su momento más famoso es de los que se cuentan en los tours. En el asedio de 1421, el general husita Jan Žižka perdió aquí el ojo que le quedaba de un flechazo (ya era tuerto). Se quedó ciego del todo y, aun así, siguió al mando de su ejército años más. Pocas ruinas tienen una historia tan bestia detrás.

Cómo llegar: Rabí está a unos 130 km al suroeste de Praga, cerca de Sušice. Lo más cómodo, con diferencia, es el coche; en transporte público toca encadenar tren y autobús vía Horažďovice, así que cuenta con buena parte del día solo en el trayecto.

Castillo de Orlik

Castillo de Orlík sobre el embalse del Moldava

Orlík tiene un antes y un después, y el después es de hace nada. Hasta 1960 se alzaba sobre una roca a 60 metros por encima del Moldava; entonces construyeron la presa de Orlík y el embalse subió hasta casi lamerle los muros. Hoy parece flotar sobre el agua, y por eso es uno de los castillos más fotografiados del país.

Lo fundó como castillo real Přemysl Otakar II en el siglo XIII, para vigilar un vado y cobrar peaje en el río. Más tarde pasó a los Schwarzenberg, que lo dejaron en estilo neogótico tras un incendio en 1802. Como detalle curioso, uno de ellos, Karl Philipp zu Schwarzenberg, fue el mariscal que comandó los ejércitos aliados que derrotaron a Napoleón en Leipzig en 1813; el castillo guarda recuerdos de aquella época. Dentro verás salones imperiales, una biblioteca y una armería, casi todo con motivos de caza, y fuera, un parque enorme con pavos reales.

Cómo llegar: Orlík está a unos 80 km al sur de Praga. Hay autobús directo (algo más de una hora) y en coche, lo mismo. Nuestra recomendación: en verano, coge el barco que cruza el embalse hasta el castillo de Zvíkov; es la mejor manera de ver Orlík desde el agua.

¿Qué castillo visitar en República Checa? Conclusión:

La República Checa está sembrada de castillos por todo su territorio, y aquí solo hemos visto unos cuantos. Si te tira este tipo de escapadas, tienes para semanas: no tienen nada que envidiar a los del Valle del Loira o a los de Inglaterra, y muchos los ves en una excursión de un día desde Praga. ¡Nos vemos en Praga!

 

Preguntas frecuentes

¿Cuántos castillos hay en la República Checa?

Más de 2.000 entre castillos, fortalezas, palacios y ruinas. Es uno de los países con mayor densidad de castillos del mundo. Bohemia y Moravia están sembradas de ellos por su historia de señores feudales, guerras y nobleza, así que tienes para elegir según lo que busques

¿Cuál es el castillo más fácil de visitar en un día desde Praga?

Karlštejn. Está a unos 30 km al suroeste y llegas en tren desde la estación central en unos 40 minutos. Desde la estación hay un paseo cuesta arriba de 20-25 minutos hasta la entrada. Eso sí, solo se visita por dentro con visita guiada.

¿Cuál es el castillo más visitado de la República Checa?

El Castillo de Praga: es el complejo de castillo antiguo más grande del mundo y alberga la Catedral de San Vito. Entre los castillos de excursión, el más visitado es Karlštejn. Si quieres ver el de Praga a fondo, lo recorremos en nuestro free tour del Castillo.

¿Hay que pagar entrada y se puede visitar todo el año?

Casi todos cobran entrada y la mayoría abre de primavera a otoño, con horarios reducidos o cierres en invierno. Karlštejn, Hluboká o Lednice suelen funcionar casi todo el año. Nuestra recomendación es mirar la web oficial de cada castillo antes de ir, porque cambian la temporada cada año.

¿Cuál es el castillo más bonito de Chequia?

Es cuestión de gustos, pero Hluboká se lleva muchos votos por su perfil blanco neogótico inspirado en Windsor. Para paisaje, Lednice y su parque Patrimonio de la Humanidad. Y para estampa de cuento, Karlštejn entre bosques.

¿Se pueden hacer visitas guiadas en inglés?

Sí. Los castillos grandes (Karlštejn, Hluboká, Lednice) ofrecen visitas en inglés, sobre todo en temporada alta. En los más pequeños conviene reservar con antelación o llevar el folleto en inglés, porque la guía suele ser en checo.